miércoles, 7 de septiembre de 2016

LOLITA (1997): LA DULZURA DEL PECADO

UN MITO INAGOTABLE, SIEMPRE ACTUAL, PORQUE LOS AMORES PROHIBIDOS SIEMPRE HAN EXISTIDO Y EXISTIRÁN...


El director Adrian Lyne (cuya fimografía rebosa morbo sexual: Zorras, Nueve Semanas y Media, Atracción Fatal, Una proposición Indencente) con un guión del debutante Stephen Schiff (hoy más conocido por ser productor de la serie The Americans) se atrevió a volver a intentar recuperar (pero no actualizar) el mito de Lolita (después del muy discutido-frustrante-extraño-pero-mítico, y lejano, intento de Kubrick) para la gran pantalla. Sí, con dos cojones y un palito se atrevió arodar una versión "moderna" en cine de la ya legendaria y mítica novela de Nabokov. Pero en vez de modernizar la historia, ponerla en un contexto actual y atreverse a una interpretación más personal decidió ser más fiel a la novela (aunque no del todo) e intentar hacer lo que no pudo Kubrick: rodar, por fin, una versión acorde con el libro y no con el sucedáneo que nos endiñaron en su momento Kubrick y el propio Nabokov (que no olvidemos fue el guionista del film de 1962).



Producida por Mario Kassar (el que fuera jefazo, junto a Vajna, de la mítica Carolco, y estuvo detrás de los mejores films de Stallone y Schwarzengger en los 80's y 90's) Lolita es una visión romántica, atormentada y triste de un amor imposible. Jeremy Irons como Humbert resulta tan patético como conmovedor, logro que cautiva porque hablamos de un hombre que se enamora de una adolescente de 14 años (12 años en la novela, de nuevo se traiciona la letra...) y se aprovecha de ella muy egoistamente porque no le importan los sentimientos de los demás por satisfacer los suyos. Dominique Swain, en cambio, es una alegre e inconsciente Lolita que acaba sufriendo y prostituyéndose ante su padrastro de inquietantes intenciones. Quilty, el alter ego de Humbert, el pervertido sin escrúpulo alguno, es el tercer vértice de este triángulo de sexo más que amor (aunque luego triunfe el amor...tarde y de mala manera).



Adornada de una excelente partitura de Ennio Morricone (conmovedor el tema central del film) que sabe mezclar poesía, inquietud y drama, el film traza con eficacia la espiral de pasión, amor y sexo prohibido, las turbulencias de algo imposible y la tragedia final doble (y triple) de los personajes. Desde la primera aparición de Lolita (descalza, mojada en el jardín y enseñando su aparato de dientes) hasta el asesinato final es un viaje al fondo del alma humana (sobre todo masculina) imperfecta, celosa y egoista y sin embargo, en el fondo, llena de ternura y amor...mal administrado, claro.

Si en el film de Kubrick el fetichismo por los pies de Lolita (no tan obvio en la novela, como algunos creen) era metáfora de un Humbert sumiso que pintaba los pies de la chica, aquí Adrian Lyne lo plantea como un profundo fetichismo erótico y sexual. Los toques de humor y patetismo del film (sobre todo con Humbert) están muy conseguidos e interpretados (Irons mostrando nuevas facetas en su carrera), un humor bastante diferente al del film de Kubrick.




Decía el propio Kubrick que lo difícil de la historia, del film, era mantener la atención del espectador una vez Humbert se folla a Lolita, eso le preocupaba. Adrian Lyne pasa por las escenas de sexo casi de puntillas (por mucho que el film esté lleno de erotismo colegial) y solo la escena donde Humbert folla con Lolita en una mecedora mientras ella lee un tebeo se puede considerar tórrida. El erotismo y el sexo es más estilizado, por una vez en la carrera de Lyne, y solo los morreos atómicos entre Humbert y Lolita pueden sorprender a los más puritanos.

Lolita comíendose con la boca a Humbert


Jeremy Irons y Dominique Swain bordan sus papeles (ella improvisó la escena donde hace temblar su barbilla, por ejemplo, así de libre pudo trabajar) y es lo que le da vida al film en realidad más que las estampas de postal y los trucos de director. "Era un paraíso cuyos cielos tenían el color del infierno, pero un paraíso al fin y al cabo" narra Humbert en el film intentando describir su aventura prohibida con Lolita...



La faceta cómica de Swain, muy física, es maravillosa y es una pena que la actriz no haya sido más aprovechada en su carrera posterior. Y su decadencia en la recta final es un ejemplo magnífico del patetismo de la vida, de como es imposible ser elegante y atractivo con el paso del tiempo...sobre todo cuando el tiempo ha destrozado nuestras ilusiones...

¿Es una obra maestra esta nueva Lolita de Lyne? Quizá, no importa. Hay mucho arte en el film. Mucho talento. Y aunque tuvo problemas en su estreno en lugares como USA (los distribuidores no quisieron comprarla) o Australia (acusada de fomentar la pedofilia!) es una película imprescindible para los amantes de los amores imposibles y sobre todo los que buscan en el cine una historia que no te deja indiferente.

Decía Jeremy Irons en una entrevista, a propósito de Lolita, que no era un film moderno de esos que te hacen sentir bien y alegre, sino que es un film que te hace pensar. El arte debe hacer sentir y pensar. Debería siempre hacerlo. Y en eso, esta nueva Lolita es excelente.




En todas las películas (y más en una de la potencial trascendencia de Lolita) el baile de nombres para el casting suele ser curioso y abundante. Para la Lolita de Adrian Lyne hay un poco de todo: desde la lógica primera opción para interpretar a Lolita como era Natalie Portman (por entonces con 16 añitos y con una filmografía tremendamente lolitesca...) hasta la más desconcertante contratación de Dustin Hoffman como Humbert Humbert (pero se retiró del proyecto y fue sustituido por Jeremy Irons que también se lo pensó mucho...estaba convencido de que un papel así podría dañar su carrera y quedarse sin empleo durante un tiempo!) aunque la primera opción era tan morbosa como adecuada: Ralph Fiennes (en pleno éxito tras El Paciente Inglés) pero no le interesó el proyecto. Igual pasa con el personaje icónico de Quilty (sobre todo por la delirante interpretación de Peter Sellers en el film de Kubrick) para el que se contrató a Gérad Depardieu que acabó siendo sustituido por el más soso Frank Langella. Pero por supuesto lo más problemático (y para muchos y muchas más suculento) era el papel de Lolita, evidentemente, actrices tan ideales a priori como Christina Ricci no pudieron hacerse con él (ya véis, Christina Ricci y Natalie Portman, las dos actrices lolitescas por antonomasia en los 90's fuera del film). Tampoco lo consiguieron otras jovenzuelas de moda de la época como Melissa Joan Hart o Jennifer Love Hewitt. De todo el numeroso elenco de descartes lo que sí sabemos con certeza es que la Portman no quiso el papel por ser demasiado sexual y estar ya hasta el coño de hacer de lolita en su filmografía, y es que hacer de Mathilda con 12 añitos en El Profesional (Leon) ya le dio bastantes quebraderos de cabeza con miles de fans pedófilos tras el estreno de tan mítico film.





LA ANÉCDOTA: la novela Lolita estaba inspirada, según se rumorea, en la relación de Charles Chaplin con Lita Grey. Lita Grey era una actriz de 12 añitos que empezó a trabajar con Chaplin, con 15 años se quedó preñada de Chaplin, Chaplin intentó que la menor abortara pero la madre de la chica le amenazó con denunciarle si no se casaba con ella, y se casaron cuando ella tenía 16 años y él 35. Despues tuvieron un amargo divorcio donde Lita acusó a Chaplin de diversas "degeneraciones" sexuales (orgías, sodomia, etc) y de ahí Nabokov sacó la idea de su legendaria Lolita.

LO CURIOSO: El cameo de la actriz Hallee Hirsh como niña disfrazada de conejo que le da a Humbert las cartas que su esposa iba a echar al correo...tras el accidente donde ella muere. ¿Qué quería decir Adrian Lyne con esa misteriosa escena? ¿Qué pintaba una niña disfrazada de conejo? ¿Era una referencia a Lewis Carroll, mítico autor enamorado de las niñas?...Quizá algún día lo averiguemos.


 La misteriosa niña disfrazada de conejo en el film...



LO MEJOR: Dominique Swain y Jeremy Irons pletóricos. La maravillosa partitura de Morricone. La valentia de Adrian Lyne...que acabó pagándolo.

LO PEOR: Frank Langella y su ridículo numerito final, excesivo aunque con logrados momentos, pero demasiado pasado de vueltas....

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