jueves, 3 de agosto de 2017

LEAVING LAS VEGAS (1995): EL DOLOR DE VIVIR

 
Hoy día el cine se ha vuelto tan infantiloide y tan comercial, hablo del cine USA (pero también es ampliable al cine mundial en general), que parece mentira que hace unos años en USA se hicieran películas tan duras y crudas como Leaving Las Vegas e incluso triunfaran en los Oscars y todo. Y es que el cine de la década de los 90's (ahora empieza a reconocerse) fue apabullante y de la más alta calidad (y no carente de riesgos).



Escrita y dirigida por Mike Figgis, basándose en la novela de John O'Brien y producida por dos mujeres: Lila Cazès y Annie Stewart, Leaving Las Vegas contaba la historia del amor imposible, crudo pero probable entre un hombre que quiere matarse bebiendo (un borracho de buen corazón pero herido de muerte por la muerte de un hijo) y una prostituta tirada que gana mucho dinero, pero a costa de ser humillada, apaleada y violada cada dos por tres. Con un trío protagonista inesperado como Nicolas Cage (sobreactuando a gusto, algo que ya nunca abandonó), Elisabeth Shue (espléndida y dándolo todo) y Julian Sands (como el proxeneta y chulo de Sera) y una banda sonora donde brillan tres temas que grabó Sting para su amigo Figgis (recordemos que Sting aparte de nacer en la misma ciudad que el director fue uno de los protagonistas de su film Lunes Tormentoso allá en los 80's) en concreto tres clásicos de Sinatra ahora grabados en plan jazzy y minimalista de forma prodigiosa que son Angel Eyes, My One And Only Love y It's A Lonesome Town (que no paran de sonar a lo largo de la película) el film nos mete de lleno en el asunto cuando el personaje de Nicolas Cage es despedido de su trabajo en Los Angeles y decide marcharse a Las Vegas vendiéndolo todo y gastándose el dinero en alcohol...claro que cuando se cruza con una prostituta algo cambiará en su rutina de borrachín, aunque sigue decidido a morir bebiendo porque el dolor que arrastra es insoportable...





Nada que ver con el idilio idiota entre Richard Gere y Julia Roberts en la absurda Pretty Woman, no. Aquí tenemos a dos seres humanos perdidos y arrastrando su dolor y pasado (y presente) que de repente se encuentran y se dan un poco de cariño inesperadamente. No tienen futuro, pero intentarán estar juntos mientras puedan. Porque el mundo exterior es horrible (o sea, las personas) y todos necesitamos algo de calor humano...sobre todo en los peores momentos.

Y en medio de Las Vegas (la ciudad del pecado, del vicio) entre monjas que reparten folletos, chulos, putas, seguratas, casinos y gente de malvivir o afortunados que miran por encima del hombro a los pobres desgraciados ellos, Ben y Sera (los protas) vivirán un complicado romance bañado en alcohol, con poco sexo, y mucha comprensión...perdidos y encontrándose en ellos mismos, en los dos, como forma de afrontar el cruel destino. En un momento dado Ben le dirá a Sera: "Sabes que soy un borracho y yo sé que eres una prostituta y no es que me sea indiferente, es que confio en ti y te acepto como eres." Ahí se resume la filosofía del romance que vien, de la relación que cultivan con sus pocos medios emocionales. Mucho más tarde Sera le contestará con humor: "Aparte del olor a alcohol y lagún babeo ocasional algunas veces dices cosas muy interesantes."





A lo largo del metraje vemos a Sera hablando con alguien (¿un psicólogo?) en el futuro de la relación entre ellos dos y contará anécdotas terribles sobre su trabajo en la calle como esa donde comenta un incidente con un cliente: "Me dijo tú debajo y yo encima. Y empezó a pegarme a lo bestia y yo me mordía la lengua para no gritar. Continuó pegándome hasta que intenté levantarme y me tumbó agarrándome del pelo y de pronto me metió su pene en la boca. Intenté levantarme otra vez y me dijo: no te muevas voy a correrme en tu cara. Y se corrió y liuego me restregó el semen por la cara y por el pelo y entonces me tiró de la cama y me echó a patadas de allí."

Ya en el primer encuentro entre Ben y Sera en la habitación de motel de él ella le dirá: "Te advierto que por 500 puedes hacerme lo que quieras. Puedes darme por el culo y correrte en mi cara. Hazme lo que quieras pero no me manches el pelo, acabo de lavarmelo." No, no es Romeo y Julieta sino la realidad pegándote en los dientes. Leaving Las Vegas es un film crudo y real, sincero, honesto y no estamos a costumbrados a eso ni en el cine ni en la vida real. Y hasta los momentos poéticos están bañados de agridulce realidad como cuando Ben mira a Sera en uno de sus peores momentos alcohólicos y suelta eso de "¿Qué eres tú, un bello ángel nacido de mis delirios de borracho?"





Por supuesto, como en la vida, no puede haber final feliz. Y Leaving Las Vegas quedó como clásico del cine indie (sin ninguno de los tópicos o estereotipos del cine indie de los 90) y de la historia del cine más complejo, adulto y potente. Una obra maestra dura y áspera, bella y nocturna, romántica y agria. Una de las películas más conmovedoras que se han filmado y una de las últimas vez que pudimos ver cine de verdad a todos los niveles. Cine adulto para adultos. Cine en letras mayúsculas.

Por cierto, atención a la lista de actores con papelitos casi en plan cameo: Valeria Golino, Laurie Metcalf, Shawnee Smith, R. Lee Ermey y hasta el mítico director Bob Rafelson.



LA ANÉCDOTA SINIESTRA: John O'Brien, el autor de la novela en 1990 en que se basa el film, escribió el libro en plan autobiográfico, al fin y al cabo era su historia, la de su vida. Se suicidó de un disparo antes de estrenarse la película en 1994.

LO MEJOR: La agridulce y cruda historia, el redescubrimiento de una actriz como Elisabeth Shue (que lo dio y arriesgó todo aquí) y la última vez que la manía de sobreactuar le sirvió de algo a Nicolas Cage. Las canciones que grabó Sting para la banda sonora.

LO PEOR: Poca cosa, alguna cámara lenta (recurso que personalmente siempre me parece pobre) innecesaria.

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